viernes, 13 de abril de 2018

EL CAMINO COMO METAFORA: LOCURAS Y CORDURAS

       
     I
En silencio, trato de averiguar cual es mi mas hondo sentir, es el tic-tac de mi corazón el que me guía.
En la fértil tierra de mis profundidades, la lluvia ha sembrado preguntas.
El viento la escucha,
¿Cuál es mi camino?, me digo mientras mis pies cansados con su lento y rítmico caminar  siguen la melodía asombrosa de la vida...
                                                     
   II
Todos los caminos guardan un secreto, en algún momento te ofrecen la llave que fragua el paso a "otros caminos desconocidos", tal vez los caminos hasta entonces invisibles, habitados y transitados por seres igualmente invisibles, que nos advierten de esa vida desconocida, pero así mismo, presente en nosotros, latiendo en los senderos más intransitados de nuestra propia existencia.
Es como si de repente un resorte se abriera y  algo se desconectara de un complejo mecanismo. Como si algún "juego prohibido" , de los que jugamos los humanos, viniera a quebrar cierto dispositivo  oculto y un sin fin de seres, hasta entonces inexistentes, emergieran y te saludaran con lenguajes distintos. Son los habitantes de la" vida invisible". No es un lugar en el que haya que quedarse mucho tiempo, ni transitar sus caminos eternamente, pero conviene escucharlos, porque de la luz de sus sombras, brotan como un hermoso tesoro, los senderos infinitos de la imaginación.
Sin ellos estamos perdidos, o condenados a transitar un único camino por la vida...
Escuchar el rumor de estos seres invisibles, es abrirse también a la música vibrante del Universo, a la luz diáfana , que descompuesta en multitud de colores, nos ofrece la inmensa belleza de la vida.
                                                    
  III
Uno de los aspectos más destacables de todo viaje, es la perspectiva de cambio, el pasar de "cierta ignorancia" sobre algo, a un determinado saber, a través de la propia experiencia.
El "caminante", aquel que tiene una forma peculiar de viajar por la vida, a otro ritmo, con otras perspectivas, requiere de una actitud fundamental de apertura hacia lo nuevo, hacia lo distinto, hacia lo diferente , para poder trasformar la experiencia de caminar en una posibilidad de descubrimiento y dotar ese proceso de un cierto sentido personal, que permita aproximarse a aquello que antes desconocía.
Todo viaje hondamente vivido, es también un viaje interior , de exploración hacia los mas profundos sentimientos humanos, que muchas veces pueden sernos desconocidos. Es recuperar la capacidad de asombro, para dejarnos sorprender por nosotros mismos o nosotras mismas  y por la vida.
Es como la búsqueda de esa piedra preciosa que cada cual llevamos dentro, y como toda búsqueda implica cierta dosis de riesgo y de incertidumbre.
El camino es el lugar en donde podemos encontrarnos con "los infiernos", donde habitan los monstruos que llevamos dentro, pero también con esa parte de héroes y heroínas que habitan nuestro interior. Es donde podemos toparnos con nuestras miserias y nuestras grandezas, nuestros miedos y nuestro coraje.
Algo muy importante he aprendido en "mis caminos", y es que en realidad los caminos que nos llevan a nuestra interioridad son los propios, los caminos prestados no nos suelen llevar muy lejos y sueles acabar por perderte sin saber muy bien por qué.
De mis caminos transitados , también he aprendido que cuando no desarrollamos nuestras propias posibilidades , acabamos sin rumbo fijo, sin sentido y toda nuestra vida se llena de una absurda esterilidad.
Las enormes posibilidades que todos llevamos dentro, son un gran "tesoro", pero si no las dejamos emerger, de una manera u otra acaban por enfermarnos.
  Por muy accidentado que sea nuestro camino, por muchos "dragones" con los que nos topemos y por mucha oscuridad que nos aceche, habrá momentos en que necesitemos de ayuda , de alguna luz en el camino que nos oriente en los momentos de niebla y de penumbra, pero si es un camino genuino, honesto, propio, siempre acabaremos encontrando el modo de seguir iluminándolo con la luz acogedora de la vida.
Depende de cada cual quedarse atrapado en las sombras o mirar hacia donde sale el sol, porque aunque nos hayamos olvidado de contemplar el milagroso renacer de la luz en las tinieblas, con nuestra mirada o sin ella, el sol surge cada día desde la noche de todos los tiempos, como una nueva promesa de vida emergiendo lentamente entre la línea imprecisa del horizonte.
Son los "buscadores de horizontes", los que de vez en cuando se detienen para contemplar esa mágica sucesión de "auroras y ocasos" infinitos que marcan los ritmos de la Naturaleza.
Naturaleza que no nos pertenece en absoluto, sino que mas bien al contrario, somos nosotros los que le pertenecemos a ella.
Y en esa búsqueda de una misma o uno mismo, el descubrimiento del "otro", como alguien distinto a mí, como aquel del que me diferencio, pero también que me enriquece y  me abre a un mundo de posibilidades desconocidas para mi.
Ese alguien al que puedo acceder desde el propio corazón, a través de esos "latidos" vividos y compartidos , que nos unen y nos enlazan con los lazos invisibles  de la emoción.
Creo que la posibilidad de goce en la vida no depende tanto de las circunstancias externas como de la propia capacidad de conectar con aquellos recursos que nos permiten disfrutar de infinitud de momentos que la vida nos ofrece. No es " el otro" el que me hace gozar, soy yo que gozo con el "otro".
En la contemplación de nuevos horizontes , entre el sudor y la lluvia, el viento, el frío y el cansancio, a través de los pasos andados en los caminos, emerge por momentos, la melodía silenciosa de la propia existencia.
La música de la vida, destilando el tiempo, como las gotas de rocío que recuerdan el olor intenso y penetrante de los campos húmedos en el amanecer de los caminos...Todo lo que dejamos atrás y todo lo que viene a nuestro encuentro...
Escrito por Beatriz Miralles Corredor .
Psicóloga.
http://psicologabeamiralles.com/

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