sábado, 3 de marzo de 2018

EL CIRUELO QUE SE CREÍA LA LUNA








Erase un ciruelo rojo, carnoso, sabroso colgado de un árbol de ciruelos…

Como había llegado a ser el más grande de su entorno y solo llegaba a contemplar la presencia de otros ciruelos más pequeños que él, su alma se había llenado de pomposa vanidad…todo lo vanidoso que podía ser un ser vegetal, se había concentrado sobre nuestro pequeño ciruelo.

Incluso llegó a creerse poseedor de un brillo especial en la noche, que no era en realidad mas que un pálido reflejo de la luz de la luna, a la que él no podía contemplar, porque estaba de espaldas a ella…y al escuchar el comentario de una “vulgar” mariposa nocturna, que el percibía como un ser inferior porque a penas podía apreciar sus bellos colores en la noche, creyó que se refería a él…La mariposa se había parado unos instantes, mirando extasiada la luz de la luna  y exclamando: ¡ Cuanta belleza hay en esta esfera celeste, cuanta luz y cuanto brillo bañan su existencia¡.

El ciruelo que se veía bañado tímidamente por la luz de la luna, mas hinchado que nunca de su propia soberbia, fue adquiriendo cada vez más y mas peso. Se sentía como un ser especial  en un mundo vulgar en que le había tocado vivir…Fue llenándose de una pesadez tal, que su peso le hizo caer al vacío de la noche y aterrizar en la tierra llena de altas hierbas y de sombras…Desde allí no divisaba mas que fugaces siluetas sin forma. La luz de la luna no alcanzaba a iluminar aquella parte del huerto.

A medida que trascurrían las horas en la oscuridad de la noche, nuestro protagonista lo iba viviendo como un tiempo eterno de nunca acabar… se decía a sí mismo que él había sido destinado a cosas mejores, como madurar lentamente al calor del sol y del viento cálido de verano, no podía aceptarlo…  Sin embargo, comenzaba a percibir como en su interior , privado de la savia del árbol, sus fuerzas empezaban a flaquear  y la promesa de una dulce vida parecía desvanecerse…

La soledad de la noche le fue llenando de inquietud y desasosiego y los más negros presagios comenzaron a embargarlo… Ahora ya podía ver la Luna con todo su resplandor y le decía entre llantos: Tu me elegiste luna para bañarme con el reflejo de tu luz, mientras los otros ciruelos reposaban tranquilos en la oscuridad de sus sombras y yo creí ser tú, cuando en realidad no era mas que una débil criatura alimentada por la savia del árbol y la  fuerza de la tierra, bañada cada día por la luz del sol que nos regala con su calor a todas las criaturas vivientes…

Y mientras maldecía su destino de fruto caído en desgracia, se vino a posar junto a él, la Mariposa, que iluminada ahora por los destellos de la luz de la Luna, mostraba parte de la belleza sobrecogedora de sus alas y dejaba adivinar preciosos colores entre las sombras…

Hasta entonces nuestro protagonista no había reparado en esta frágil mariposa, que a menudo solía volar cerca de él, atraída por el olor embriagador de este fruto….Viéndolo tan abatido y desconsolado como estaba, le dijo:

Dulce fruto, no temas, quizás tu destino no estaba en seguir siendo fruto jugoso sobre el árbol, sino en convertirte en semilla de la fértil tierra que te acoge, de cuyo encuentro brotará una débil plantita, que con los años llegue a ser otro hermoso árbol…Los destinos que los hilos de la fortuna van tejiendo sobre cualquier ser viviente, son a veces así, como un fruto caído que se convierte en el contacto con la tierra, en semilla de fértil fruto…Quizás solo después de la caída al vacío se abre la posibilidad de ser semilla de nuevas esperanzas…

Beatriz Miralles Psicóloga.
http://psicologabeamiralles.com/.

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